Más que una sede, la Kurimanzutto será tomada por el artista para una muestra sobre la mística del trabajo.
Cien metros cuadrados de la planta baja de la galería Kurimanzutto fueron cedidos para montar el estudio del artista Carlos Amorales. Desde hace tres semanas, él y sus colaboradores trabajan sobre las paredes de la galería para dibujar a lápiz o fijar esténciles en negro, con un papel italiano. Son cientos de imágenes que, si bien nacieron como animaciones en el estudio original del artista, en este nuevo espacio se desdoblan y superponen. Esto es lo que presentará en la muestra El estudio por la ventana, que mañana inaugura a las 11 horas en Kurimanzutto.No es una copia literal de su lugar de creación, tampoco se trata de “decorar la casa” o “llenarla de dibujitos”, él buscaba llegar a esa intensidad “donde empiezan a ocurrir cosas en el arte”. Amorales se propone con esta exposición analizar el estudio como herramienta -tanto visual como conceptual-. Se trata, en sus palabras, de “hallar la mística del estudio, de sentir la energía de trabajo”.El artista y sus colaborares -diseñadores en su mayoría- replican, reaniman y reubican las animaciones y los dibujos que a lo largo de seis años -desde que Amorales regresó a México tras una década en Europa- han ido formando su archivo líquido. En ese archivo, las imágenes están agrupadas de distinta forma y en la computadora no existen más que digitalmente; ahora en la galería el trabajo ha sido transformarlas en objetos.“La exposición incluye el espacio físico, la fuerza de trabajo, la creatividad de esa fuerza de trabajo: voy dirigiendo con ideas y cada quien va componiendo y haciendo; las herramientas de trabajo son el lenguaje figurativo, los esténciles, los lápices. Es una colectiva”, comenta.Carlos Amorales quería lo básico, la raíz, el dibujo. Su propuesta le hace recordar el trabajo del dadaísta Kurt Schwitters, quien hacía collages con basura y que estuvo alrededor de 15 años transformando su casa en una especie de sala de exhibición escultórica.Esta muestra -la primera de Amorales en el Distrito Federal desde hace cuatro años- aterriza un proceso que inició en 2003, cuando regresó al país y entonces hizo a un lado el performance, creó la disquera Nuevos Ricos -con el músico Julián Lede-, se convirtió en padre y se propuso rebasar la idea de crear arte al ritmo de otros, de la demanda.“Antes era más laptop, el mundo era el estudio. Pero quería basar en un lugar mi energía, darme un tiempo más relacionado a mis decisiones artísticas y menos vinculado con una demanda artística. Me condicionaba el estar de una bienal a otra, de un show a otro, reaccionando en lugar de estar generando a partir de mis propias necesidades creativas”, dice.¡No es comida chatarra!Nacido en 1970, hijo de los artistas plásticos Rowena Morales y Carlos Aguirre, Amorales pone a discusión su propia obra artística. La metáfora de El estudio por la ventana es una forma de expresar que lo que está afuera se refleja adentro de su obra y viceversa.La metáfora dice también que el intercambio es permanente y la pureza niega la esencia misma del arte. Por ejemplo, las palomillas que el propio Amorales hizo para una de sus obras se volvieron una imagen que copió la casa Dior y luego otros diseñadores se la robaron a esa marca. El artista descubrió que esa imagen, multiplicada en vestidos y trajes de baño, en su momento él mismo la había tomado de un libro.En esta muestra y en la que realiza para el Museo Amparo de Puebla -estará ahí a partir de mayo-, Amorales fuerza su lenguaje hacia otros discursos. Quiere tomarse el tiempo para trabajar sobre el espacio que es la propia obra. “A veces hay un sentido casi de comida chatarra, en la forma como tenemos que proceder, llegas a una ciudad y en cinco días tienes que montar, se ha vuelto un proceso muy rápido”, comenta.En el museo de Puebla, Amorales hizo una residencia el año pasado con el fin de hacer obras que dialogaran con la colección. El reto en este caso ha sido la profunda carga de significados que guarda esa colección prehispánica. “Tuve que encontrar una solución para cortar de tajo la historia, hice réplicas que metimos en pintura, y se volvieron juguetes raros, se objetualizaron, se volvieron más importantes formalmente y la pátina de la Conquista, la historia, el sacrificio, se fue. Quiero hacer tábula rasa con los significados. Al mismo tiempo, ciertas obras mías se van a vulnerabilizar. Lo que trato es de poner piezas de arte en discusión”, dice el artista.Con obras en algunas de las colecciones más importantes de arte internacional -las de la Tate Modern, Daros de Arte Latinoamericano, Jumex, Moma de NY, Walker Art Center (Mineapolis) y la del Museum Boijmaans van Beunigen (Rótterdam), entre otras-, Carlos Amorales advierte que si bien en la última década ha ido en crecimiento el mercado del arte, este impacto ha percudido las obras de muchos artistas.“Fuimos una fuerte generación, con distintos puntos de vista. Un grupo que tiene hoy entre 35 a 45 años, que tuvo un impacto en el arte contemporáneo. Para cuando hubo mercado, en el 2000, ese grupo ya había experimentado mucho. Hoy hay más galerías, espacios, accesos, pero creo que a los nuevos les cuesta salir. Los chavos no quieren espacios de artistas, sino una galería. No se vive como vivimos La Panadería. Lo cierto es que hay facilidades para vender y eso ha percutido la obra; de pronto, ha sido dañino. Estamos como en una fase manierista, hay mucha información accesible, pero menos experiencia directa No hay una comunicación entre generaciones, ni relación entre colegas”.Los Nuevos RicosSu estudio y la disquera Nuevos Ricos fueron para Amorales una forma de crearse una relación social con México, tras su vuelta de Holanda. Buena parte de sus trabajos de animación, creados al lado de diseñadores, fueron llevados a los discos. El rock fue para él una suerte de medio de comunicación.“Me permitió hacer eventos, conciertos, trabajar en relación a una juventud y, a la vez, fue un proceso para entender mi propia juventud. Fueron dos años increíbles, muy intensos, pero en noviembre lo finalizamos, para mí perdió su interés, además siento que el rock está supeditado a una moda. Nos hubiéramos especializado y no era la idea. Habíamos entrado a ese medio como cavernícolas y eso nos dio la posibilidad de alimentarnos, inventar maneras de hacer. Cuando algo así envejece pierde su frescura, te vuelves una compañía”.Como pasó con el diseño de la palomilla, en el caso de Nuevo Ricos, la primera compilación fue robada por piratas. En todo caso, cuenta el artista, los piratas la mejoraron. “Cuando nos dieron chance de sacar el disco con EMI, me pirateé las portadas piratas. Lo que creo es que las imágenes circulan, se van y no hay que perder de vista esa expansividad”.El estudio por la ventana abre desde mañana en la galería Kurimanzutto, calle Gobernador Rafael Rebollar 94, colonia San Miguel Chapultepec. Fuente: El Universal.



